Wikipedia, la enciclopedia libre en Internet, define a la Brecha digital de la siguiente manera:
“Es una expresión que hace referencia a la diferencia socioeconómica entre aquellas comunidades que tienen Internet y aquellas que no, aunque también se puede referir a todas las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (teléfonos móviles y otros dispositivos). Se trata de una cuestión de alcance político y social. Este término también hace referencia a las diferencias que hay entre grupos según su capacidad para utilizar las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) de forma eficaz, debido a los distintos niveles de alfabetización y capacidad tecnológica. También se utiliza en ocasiones para señalar las diferencias entre aquellos grupos que tienen acceso a contenidos digitales de calidad y aquellos que no.”
El avance tecnológico que se inició desde cuanto el hombre actual asumió su humanidad no se detuvo. Las transformaciones fueron permanentes y unas se produjeron acompasadamente a través de la deriva y, otras, emergieron de la contingencia. La brecha digital es producto de la evolución natural de la sociedad y la tecnología y no de la casualidad.
Lo cierto es que la brecha tecnológica la comenzaron a cavar el ferrocarril, las máquinas de producción en serie de productos tangibles como las de manufactura, automotrices, eléctrica, aérea, etc. Particularmente, la de las comunicaciones en su versión actual la inició el teléfono y la continuaron los satélites, la robótica, los cohetes y la culminó el computador.
A través del tiempo se ha logrado comprobar que los adelantos tecnológicos han proporcionado ventajas competitivas a los grupos sociales que los impulsaron. La brecha tecnológica -como ya quedó establecido- se abrió desde los albores de las primeras organizaciones humanas concediéndoles prerrogativas que las convirtieron en polos de dominio que se han distanciado hasta llegar a establecer diferencias inalcanzables entre los países que vieron a tiempo la dirección en que viajaba el progreso y los que no se percataron y hoy aparecen rezagados a la vera del camino. La apertura de la brecha se fue profundizando atrofiando los mecanismos de reacción temprana y al final creando abismos sociales que ahora se constituyen en el principal impedimento para reincorporarse, al tiempo que se acentúan las diferencias quedando como residuo una actitud que ha asumido todas las dimensiones de vicio.
La versión moderna de la brecha tecnológica es la brecha digital, expresión que se acuñó para describir las limitaciones de acceso a las nuevas tecnologías de la información: telecomunicaciones e informática. La apertura de la brecha digital la inició el teléfono análogo, la apuntaló el computador y terminaron ahondándola internet y la revolución de las comunicaciones.
La vía preferencial para tener acceso a la autopista digital es el teléfono. A medida que aumente la proporción de población colgada a la red telefónica se apresurará el tránsito a las nuevas tecnologías. La conexión a internet se constituirá en el indicador líder del progreso. En virtud de esta realidad no es difícil admitir que en esta era, en la del conocimiento, las diferencias no se establecerán entre ricos y pobres sino entre alfabetos -los conectados a la red- y los que no lo están, los analfabetas. Internet y el e-business son las herramientas más poderosas de esta nueva ola que controvierte las convenciones tradicionales.
Vivimos la era de la inteligencia interconectada en red. El impacto de este nuevo medio de comunicación superará con creces al que produjeron las revoluciones provocadas por la imprenta, el teléfono, la televisión y el computador. Ahora, la multimedia interactiva y la denominada autopista de la información con su característica más insinuante -internet- como por ensalmo, por arte de magia, han alterado dramáticamente el ya complejo acontecer diario. Todos también, curiosamente, asociados con el conocimiento y la información.
La economía de la era de la inteligencia en red es una economía digital expresada mediante unos y ceros que a su vez se pueden representar en un computador como la presencia o ausencia de una señal eléctrica. A medida que la información pasa de análoga a digital, los elementos físicos tradicionales se convierten en virtuales, cambiando sin previa prescripción médica el metabolismo del sistema económico. En la economía agonizante el flujo de información es físico: dinero, cheques, facturas, documentos, fotocopias, etc. En la digital todo se reduce a bits almacenados en computadores, desplazándose a través de las redes a la velocidad de la luz.
La difusión de Tecnologías de Información y Comunicación (TICs), el crecimiento de su uso y el aumento de sus capacidades ha generado la preocupación sobre las posibilidades de exclusión que éstas pueden producir. El rápido avance de la utilización de TICs en sectores mercado y algunos gobiernos locales, nos enfrenta a las distintas posibilidades que los individuos tienen de adoptarlas y utilizarlas. Una de las respuestas para la inclusión, para reducir la brecha entre quienes tienen acceso a la tecnología y quienes no, es la creación de recursos comunitarios tecnológicos, que adquieren, en algunos casos, la forma de redes electrónicas comunitari
cuál es realmente el rol que le cabe a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) en la lucha contra la pobreza, la injusticia, la desigualdad de oportunidades. Esta misma pregunta es una de las que dio origen a la Fundación Desarrollar Argentina, capítulo argentino de Development Gateways, dedicada a la promoción de las TICs como herramientas de desarrollo humano.
Pareciera haber un abismo entre los usuarios de estas tecnologías y los que ni siquiera las conocen; un abismo tal de competencias culturales, de posibilidades de desarrollo, de oportunidades laborales y educativas, que nos preguntamos si no podría llamarse a este desconocimiento tecnológico un “segundo analfabetismo”.
Pero más allá de las analogías y paralelismos, la realidad nos demuestra cotidianamente cómo las TICs influyen en nuestras vidas y hasta qué punto nos apoyamos en ellas para crecer. La pregunta es, entonces, ¿cómo acercamos estas herramientas a quienes se encuentran tan lejos de ellas? ¿Cómo superamos este abismo?
Las TICs pueden proveer información y conocimiento para que personas que actualmente se encuentran bajo la línea de la pobreza sean capaces de capacitarse y adquirir ciertos conocimientos claves para su desarrollo. Es inútil pensar que esto se va a dar de forma automática; quiero decir que el proceso debe estar acompañado de planes y proyectos que faciliten esta inserción en el mundo digital. Este es uno de los grandes objetivos de Desarrollar: generar las condiciones necesarias para que los beneficios de las nuevas tecnologías puedan ser aprovechados por aquellos sectores históricamente excluidos.